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  • MBA por la Universidad de Oregon y Lic. en Comercio Internacional por la U. de Guanajuato. Es fundador y Director de "The Primetime People", empresa de servicios especializada en retirados extranjeros. Actualmente es el Director de Desarrollo de Negocios en American Industries para la Región del Bajío. Se desempeñó como Asesor Económico en la Coordinación de Innovación del Gobierno de Guanajuato y previamente como Director General de la CICUR (Cámara de la Curtiduría). Asesor en la Incubadora del Tec de Monterrey desde 2005 y colaborador en espacios radiofónicos.

LAS SIETE RONDAS

Al escribir estas líneas, acaba de iniciar la segunda de las siete rondas de negociación que se pactaron entre México, Estados Unidos y Canadá para renegociar las condiciones del Tratado de Libre Comercio.

Es por ahora muy aventurado estimar, -creo que nadie, ni el mejor de los analistas podría hacerlo- cuáles serán las conclusiones de dichas negociaciones.  Lo que sí es cierto es que seguramente estos meses por venir (por lo menos hasta diciembre) serán una montaña rusa de emociones, de declaraciones y de amenazas (ya sabemos de parte de quién: del “tuitero buleador”). Será sin duda un proceso de negociación de pronóstico reservado.

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Incluso si este fuera el escenario al que lleguemos a finales de año, las cosas podrían no ser tan catastróficas para México como se pudiera pensar.  Recordemos que en caso de que terminara el TLC, el siguiente proceso sería que México se insertaría de lleno a las reglas que rigen a la Organización Mundial del Comercio (OMC) y que por cierto, incluso en algunos productos, se contemplan tarifas arancelarias por debajo de las del mismo TLC.

Creo que afortunadamente nos hemos acostumbrado relativamente rápido a reaccionar ante la “Tuitocracia” del señor Trump. Recién electo presidente de Estados Unidos, bastaba con un tuit amenazador hacia México para que literalmente el tipo de cambio se depreciara, la bolsa cayera y todos nos espantáramos. El paso de los meses ha demostrado que los mercados financieros tienden a reconocer cuándo son dichos con sustento y cuándo son meras bravuconerías. Y, afortunadamente, la mayoría de las veces caen en este último supuesto. Creo que la postura de México es la correcta: reaccionar con mesura e inteligencia.  Mientras por un lado se nos amenaza con que Estados Unidos se quiere salir del TLC, exactamente al mismo tiempo su equipo de negociadores están sentados a la mesa con sus contrapartes de México y Canadá.  Entonces, ¿a cuál versión creerle?

Lo hemos comentado en ocasiones anteriores: Estados Unidos se daría un tiro en el pie si efectivamente decide retirarse del TLC. El grado de integración en algunos productos es muy alto y los grandes capitales no podrían darse el lujo de dejar morir las millonarias inversiones que han hecho en nuestro país.  Algunas ciudades de Estados Unidos basan su economía en el comercio con México. Si México decidiera “contraatacar” y fijar aranceles más altos a los productos importados de Estados Unidos, la afectación para el vecino del norte sería devastadora.

Vale la pena recordar que la premisa en la cual basa todo su discurso el señor Trump para decir que está en “desventaja” con México, que nos “aprovechamos” de ellos, que somos los malos y ellos los buenos…es el famoso déficit comercial. Efectivamente, hoy por hoy México le vende más a Estados Unidos de lo que le compramos, en alrededor de 66 mil millones de dólares. Pero por sí solo, este tipo de déficits no son necesariamente malos. Es necesario tomar en cuenta que muchos de los productos exportados por México tienen componentes fabricados en Estados Unidos, por lo que en realidad muchas de las exportaciones mexicanas son también exportaciones estadounidenses. Por cierto, para poner en contexto: el déficit que tiene Estados Unidos con China es de alrededor de 366 mil millones de dólares, es decir casi seis veces más del déficit con México¡  Y para completar el dato: Japón y Alemania presentan también un superávit comercial contra Estados Unidos mayor que el que tiene con México.

Para todo fin práctico solamente hay dos maneras en que Estados Unidos puede reducir su déficit que tiene con México: o nos venden más productos y servicios, o ellos nos compran menos (es decir, tratar de limitar nuestra oferta exportadora). El gobierno mexicano ha dicho que esta última postura es absolutamente no negociable, por lo que en teoría cualquier propuesta que pase por el tema de limitar nuestras exportaciones, está fuera de cualquier negociación.  Desde mi punto de vista, es el enfoque correcto.

Pongamos las cosas en contexto y digámoslas como son: todo esto no es más que una continuación de un discurso político de campaña que está dirigido a la base de electores que votó por el señor Trump. Está ávido de “victorias” mediáticas y el hecho de renegociar, o incluso eliminar el TLC, sería algo que seguramente sus seguidores festejarían, pero el resto del mundo empresarial y financiero lamentaría.

Es difícil predecir el resultado de estas siete rondas de negociaciones, pero desde mi perspectiva, creo difícil un escenario en donde Estados Unidos abandone las negociaciones y por lo tanto abandone al TLC. Sin embargo, creo que debemos estar preparados para cualquier escenario. Considero que a pesar de los arrebatos y fiebre “tuitera” del vecino presidente, a final de cuentas la sensatez, la inteligencia y, sobre todo, los intereses económicos acabarán pesando y pondrán las cosas en su lugar.  Al tiempo.

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